6/30/2009

Cuestiones técnicas (New Order Technique)



Se cumple este año el vigésimo aniversario de la salida del album Technique (1989de New Order. Grabado en parte en Ibiza, en medio del delirio del acid y los "smiles", Technique puede ser considerado como la obra más completa de New Order. Atención especial merece el trabajo gráfico de Peter Saville, como si ese mismo espíritu ácido hubiera contaminado la idea inicial, en un alarde de las posibilidades (técnicas) de Photoshop. 
Es fácil imaginar cómo este recurso "ácido" ha tenido una influencia extrema en gran parte de soluciones en los ámbitos de la comunicación y la publicidad. Merece la pena observar el tratamiento tipográfico, de una gran sutileza. Hay que reseñar que Lawrence Weiner fue el artista encargado de hacer un diseño para un cartel que anunciaba esta salida del disco Technique. A falta de una imagen del póster original he encontrado sin embargo el diseño de arriba.
A vueltas con la técnica, o con las cuestiones técnicas, he aquí dos fragmentos rescatados de un boceto de texto a realizar.

“Por tanto, antes de preguntar: ¿en qué relación está una obra literaria para con las condiciones de producción de la época?, preguntaría: ¿cómo está en ellas? Pregunta que apunta inmediatamente a la función que tiene la obra dentro de las condiciones literarias de producción de un tiempo. Con otras palabras, apunta inmediatamente a la técnica literaria de las obras. Con el concepto de la técnica he nombrado ese concepto que hace que los productos literarios resulten accesibles a un análisis social inmediato, por tanto materialista. A la par que dicho concepto de técnica depara el punto de arranque dialéctico desde el que superar la estéril contraposición de forma y contenido”. Walter Benjamin en El Autor como Productor.

 Godard: Por primera vez podemos responder a la pregunta de cual es nuestra relación con los trabajadores. Si estuviéramos haciendo una película en la época de los sucesos de Mayo y Junio, nuestra forma de relacionarnos con la gente corriente, con las llamadas masas, sería volver a un punto cero de la realización cinematográfica… Se acabaron las panorámicas, los travelling y el zoom, que por otra parte he utilizado cientos de veces. Esas técnicas no me hacían feliz porque descubrí que no mostraban ninguna relación con la realidad. Entonces me sentí obligado a volver a la cámara fija, al plano medio fijo, porque es así cómo la gente corriente rueda a su familia en las vacaciones con la Instamatic. Ahora descubrimos que esa gente corriente, esa gente real se mueve, inventa nuevas formas de lucha contra la opresión que sufre, sea el jefe si son trabajadores, el marido si son mujeres o el americano si son vietnamitas. Así que ya no podemos seguir utilizando el plano fijo. Tenemos que inventar una nueva forma de hacer un travelling, aunque técnicamente parezca igual. Pero como somos marxistas o maoístas, lo que importa es el uso social de la técnica, no la técnica per se.”

 En “Comentarios mediáticos a Tout va bien”. Una entrevista con Jean-Luc Godard y Jean Pierre Gorin

 NeworderTechnique 




6/17/2009

Meaning Liam Gillick book launch


The first critical reader on the artist’s work. Edited by Monika Szewczyk

With essays by Peio Aguirre, Johanna Burton, Nikolaus Hirsch, John Kelsey, Maurizio Lazzarato, Maria Lind, Sven Lütticken, Benoît Maire, Chantal Mouffe, Barbara Steiner and Marcus Verhagen.

Liam Gillick (b. 1964) is a New York and London-based artist who emerged in the 1990s in the midst of paradigmatic political and cultural change. In the past two decades, he has developed a highly influential artistic practice around a discursive model that complicates object production and raises key social questions. This reader brings together diverse theorists, critics, historians, curators and artists to address Gillick’s work and its contexts.

Questions of discourse dominate the first four contributions to the book. Peio Aguirre develops his thinking around the “poetics of social forms,” drawing dialectical relations between Gillick’s screen structures, designs, collaborations and the social imaginary of his writings, treating the artist’s praxis as a “whole,” albeit a necessarily elusive one. Sven Lütticken also attends to elusiveness – Gillick’s as well as artist-writers’ such as Dan Graham, Robert Smithson, Marcel Broodthaers and Donald Judd – but stresses two conflicting impulses at play in (not) making sense: a critical strategy and an economic imperative. Marcus Verhagen focuses on Gillick’s collection of critical writing, Proxemics: Selected Writings (1988-2006), and develops key distinctions: between Gillick’s discourse and that of Nicolas Bourriaud; and between these two sometime collaborators and the art historian and critic Claire Bishop, who took up Chantal Mouffe and Ernesto Laclau’s notion of “antagonism” to critique Bourriaud’s notion of “relational aesthetics” alongside the art of Gillick and Rirkrit Tiravanija. John Kelsey combines Foucault’s use of the Ancient Greek term parrhesia — a public speaking of truth, even in the face of death — with Deleuze’s notion of “indirect discourse,” to question the political underpinnings and truth claims in Gillick’s “Volvo” fiction.

At their core of the next three essays lie the political and ideological problems of defining difference — which Gillick repeatedly nominates as a key concern – and of practicing differentiation. Barbara Steiner distinguishes corruption, corruptibility, and complicity with market forces and institutional powers. Chantal Mouffe reviews her notion of radical democracy and antagonism drawing nuanced connections and distinctions between Gillick’s praxis and the theories she has developed (also with Ernesto Laclau). Johanna Burton’s essay notes a lack of specificity with regard to Gillick’s deployment of the term “difference” and goes on to develop an instance of feminist difference rooted in enthusiasm.

Maria Lind considers kitchens. She takes up this ubiquitous feature of every modern home as a historical nexus, both of the post-World War II ideological battles over planning and speculation, and of several gender-coded modes of production. Further questioning the grounds of practice, Nikolaus Hirsch, considers the changing status of the architectural model as a thought-paradigm and as a thing for forging politics.

The last two essays tarry with the operative abstractions of temporality and historical consciousness. Maurizio Lazzarato, whose theorization of immaterial labor has been especially influential for Gillick, contributes notes on the current economic crisis. He focuses on how the logic of debt within neoliberal capitalism, where tomorrow’s earnings are consumed in today’s purchases, becomes a tool to block possibilities of thinking alternative futures. Benoît Maire’s links the free floating time found in Gillick’s fictional writings to developments in continental philosophy, using a complex notion of the screen as a device for mediating social relations in a post-historical time.

Meaning Liam Gillick is published by the partners organizing the ongoing survey exhibition: Liam Gillick: Three Perspectives and a Short Scenario.

Witte de With Center for Contemporary Art, Rotterdam, 19.01.08 - 24.03.08
Kunsthalle Zürich, 26.01.08 – 30.03.08
Kunstverein München, 27.09.08 –16.11.08
Museum of Contemporary Art, Chicago, 10.10.09 - 10.01.10

6/10/2009

Reflexiones sueltas: Bienal de Venecia 2009










-El Bienalismo es uno de los síntomas del estado de la cultura dentro del capitalismo tardío y el Bienalista es su espectador.

 -Es interesante constatar hasta qué punto es posible desbloquear la acción de la representación nacional. Sin embargo, las deconstrucciones de las identidades (nacionales) no pueden tener lugar en Venecia a pesar de las retóricas post-nacionales.

 -“Fare Mondi - Making Worlds” es el título de la sección comisariada por Daniel Birnbaum. El título es ilustrativo de sus intenciones y que (sin apenas leer su texto de intenciones) pasaría por la recreación del potencial de la Utopía para imaginar nuevos mundos y una fe en el poder de la imaginación artística para proporcionar aliento dentro del convulso mapa económico-político actual. Existen, por lo tanto, muchos de los tópicos asociados a esta proyección utópica: arquitetura y proyección (Yona Friedman, Marjetica Potr, Tomas Saraceno, Carsten Höller, Gordon Matta-Clark), retro-modernismo posmoderno (Falke Pisano -ver foto abajo-, Tobias Rehberger), “Tropicalia” (Cildo Mereiles, Lygia Pape, Oyvind Fahlström), orientalismo (Haegue Yang, Gutai), monócromo, post-minimalismo y revisión del pasado de la Bienal (Blinky Palermo, Andre Caderé, Sherrie Levine, Pistoletto), etc. Existe un deseo de abogar por una idea politizada de la “Forma”, pero sin embargo no está llevada al extremo, diluyéndose en una mera intención (por otra parte muy en consonancia con ciertas tendencias de rescate vernacular del modernismo). La exposición es plana. Es como si el propio formato del gigantismo bienalista se tragara las intenciones del comisario. Una exposición que se olvida según se ve.

 

-Las fotografías “formalistas” (¿o debemos decir monócromas?) de Wolgang Tillmans operan como apuntes para esa estética tan buscada por el comisario.

 -La sala del Palazzo delle Exposizioni en Giardini que mejor quiere reflejar la abstracción de Birnbaum es aquella en la que se juntan Philippe Parreno y su trailer-film El sueño de una cosaproyectado sobre unos paneles monócromos de Robert Rauschenberg con música de Edgard Varese, vitrinas con modelos en papel de colores de Lygia Pape, monócromos de Tillmans y Sherrie Levine y un Caderé (sobre el que recae la nueva “tendencia” curatorial de diseminar la obra de un artista por todos lados, a la manera de John McCraken y Gerwald Rockenschaub en la pasada Documenta de Kassel).

-Existe a su vez cierto consenso sobre la mejor obra de toda la bienal. El vídeo sincero y modesto (a modo confessional) de Dominique Gonzalez-Foerster acerca de la imposibilidad de hacer algo provisto de un mínimo de sentido en esta su quinta Bienal de Venecia. Un documento que engancha al espectador por su poso de tristeza y por la desnudez del testimonio. El documento es el plato fuerte de una intervención, prácticamente invisible en su modestía, en Arsenale (que no tuve el gusto de ver). El repaso biográfico de cada una de las bienales en las que ha participado Dominique sirve como contrapunto ecológico a la vez que un ejercicio de memoria. Brillante.

-Existe cierta tendencia a obras de arte que hablan de sí mismas y se repliegan a la propia situación de la bienal así como reflexiones sobre los pabellones y demás. Por ejemplo: al mencionado de Gonzalez-Foerster habría que añadir la película de Dorit Margreiter (Pabellón Austria), Liam Gillick (Alemania), Elmgreen & Dragset (Nórdico y Dinamarca) y obras como la de Simon Starling (“Making Worlds”), éste ultimo demostrando que la complejización de las relaciones de interpretación y adquisición de significado de la obra de arte puede ser llevada hasta el paroxismo meta-lingüístico.

-Hay quien ha interpretado la representación de Emiratos Árabes como de auto-promoción turística del país (como una especie de Fitur) sin darse cuenta de la ambición del proyecto que es, de lejos, la más cuestionadora del formato bienalista. “It’s not you, it’s me” comisariada por Tirdad Zolghadr casi presciende de la artista representada, Lamya Gargash, para someter el conjunto del dispositivo a sus intereses comisariales. El artista es Tirdad, pues suyo es el discurso. La utilización de la cultura en Abu Dhabi, con su próximo Guggenheim y sus jeques árabes hablando del rol del arte en la economía es de los momentos a destacar. Incluye algunos clichés de la post-Crítica Institucional: audioguías, maquetas de museos imposibles, horas de entrevistas con auriculares, parodias de ruedas de prensa y ese humor autocuestionador característico de Tirdad. A tenor por la recepción del público y de la crítica, Emiratos Árabes es uno de los ganadores.





-Liam Gillick representa a Alemania, y estos, los alemanes, no están contentos. Es interesante el encuentro entre Gillick y Hans Haacke unos días antes de la apertura de la Bienal, narrada por el propio Gillick en una conferencia. Cuando Haacke realizó el Pabellón de Alemania en 1993 (una de intervenciones que han pasado a la historia, con ese suelo roto, hecho añicos) éste barajó la posibilidad de demolir el edificio entero cuya arquitectura abiertamente fascista de los años 30 sobresale. “Es imposible destruirlo, es demasiado viejo, tiene demasiada historia” parece que pensó, y en su lugar destruyó el suelo. Ahora Gillick reflexiona sobre esa intervención de Haacke. El edificio cuenta ahora con dos suelos, el “Nuevo” post-Haacke y el original de los años 30. Preguntando Gillick a los arquitectos responsables actuales del mantenimiento del edificio por el suelo estos respondieron: “es mejor no tocar el suelo nuevo, sin embargo con el viejo puedes hacer lo que quieras”. Interesantes conclusiones. Mientras tanto, un edificio que no tiene sala para los trabajadores, ni tiene baños, ni cocinas bien merece ser destruido. O no. Retóricamente, Gillick proporciona un reflexión sobre el rol del modernismo aplicado a través de eso que le falta al edificio: cocinas. Aunque para ello tenga que indagar tanto en su propio catálogo de formas estilizadas y en la réplica de una de las primeras cocinas modernas diseñadas y construidas: la de la arquitecta vienesa Margareta Schütte-Lihotzky en Frankfurt (1927). Unas cortinas de plástico de colores señaliza la entrada y las salidas de emergencia, como esas cortinas utilizadas en casas veraniegas durante los meses de calor para alejar a las moscas, si bien Maria Lind me recuerda que la cocina de Schütte-Lihotzky estaba pintada de verde, pues al parecer es el color que espanta a los insectos. Mientras tanto el gato animatrónico continúa con su discurso.

Esto es todo de momento, en otro post deberé abordar la representación de naciones sin estado a tenor de las presencias de Cataluña y la región de Murcia. 

5/14/2009

EDITORIAL Blogs y Crítica









Últimamente llegan noticias acerca de la prensa norteamericana, un sector que sufre una grave crisis provocada por el descenso de los ingresos publicitarios y por la circulación de sus principales diarios. Aunque Barack Obama ha rechazado un plan de choque, la crisis se ha convertido en una cuestión de estado. No es necesario recordar aquí hasta qué punto la prensa es el principal instrumento de generación de opinión pública, y por lo tanto de una esfera pública basada en la democracia participativa. El conflicto no sólo concierne al sector industrial del papel. Precisamente, el papel es parte implicada en esta disputa; abuso de papel, o su ecología. La proliferación de instrumentos de comunicación 2.0. han irrumpido con fuerza, y así como los periódicos de comienzos del siglo XX buscaban la participación del lector (mediante cartas a la dirección y otros mecanismos participativos como bien explicó Walter Benjamin en su celebrado ensayo “El autor como productor”), ahora cada noticia publicada online provoca la interacción: en los dominios del sistema “foro” hemos entrado.

La crítica no escapa a esta multiplicación de la diseminación. La crítica estaba, y sigue estando, basada en una industria (editorial). Durante estos últimos años de trabajo, no he encontrado una mejor introducción, fatalista y a la vez esperanzadora, del estado de la crítica que la realizada por Terry Eagleton en la primera página de La función de la crítica: “La tesis de este libro es que hoy en día la crítica carece de toda función social sustantiva. O es parte de la división de relaciones públicas de la industria literaria, o es un asunto privativo del mundo académico”. Una nueva forma de crítica puede emerger de esta declaración.

 La búsqueda de interacción con el lector es una constante. Los blogs nos apelan a sacar nuestras más profundas dotes de inquisición. Los blogs son la prueba de hasta qué punto la comunicación entre el periodista/escritor/autor y su lector se ha acortado. Sin embargo, la crítica de arte no quiere, o más bien, no tiene interés en ese campo. Pensemos en la cantidad de críticos de arte, o de gente que escribe acerca de arte contemporáneo en prensa y en medios especializados, y la poca cantidad de plataformas colectivas o personales a modo de blogs. Sí, es cierto que las grandes industrias editoriales se han dado cuenta de que hace falta acortar ese camino entre editor y lector y, sin ir más lejos, la revista Frieze ha abierto un blog por cada crítico del staff editorial. Se pide que se les escriba. Pero más bien, lo que parece es una maniobra acorde con el tratado de buen manual editorial de hoy en día. Esos mismos críticos establecen un formato blog, sí, de acuerdo, pero única y exclusivamente dentro de los cauces y de los límites de la estructura económica que les da voz.

Todavía no ha sido abordado, en su completa complejidad, hasta qué punto las revistas (como representantes de la industria editorial) y las instituciones (como representantes de la industria cultural) dependen de la publicidad y hasta qué grado el crítico es un esclavo en esa batalla por la publicidad. El crítico, o el crítico con aspiraciones a comisario, “está en el mercado”, como se suele decir vulgarmente. Y cuanto mayor sea la proliferación de su nombre asociado a una masa textual más o menos bien escrita mayor será su solicitud dentro del mercado. En ocasiones, la escritura sin compensación económica no es un voto de castidad auto-afligido, sino un sacrificio, un grito desesperado de existencia que clama a la llamada del mercado. Algunos blogs ponen en circulación esta desesperación: el crítico es también alguien necesitado de publicidad.

Recientemente he advertido, para mi regocijo, de la existencia de lectores “desconocidos”, algo que no debería sorprenderme a estas alturas pues el carácter público, abierto y diseminador del formato blog conlleva el reconocimiento de que uno es leído por una “masa” de lectores. (Ahora mismo, en el momento de escribir esto, caigo en la cuenta de que un blog no conlleva necesariamente la escritura de editoriales, como lo hacen la prensa escrita o las revistas al uso. Sirva este texto como editorial). Por esto, siento la necesidad de explicar que el sentido de un blog de estas características se encuentra sobre todo en la creación de un canal de subjetivación propio sin atender al requerimiento de hacer “público” aquello que ya es público por medio de otros canales: textos, ensayos, artículos y/o conferencias publicados en otros medios. Este blog no aspira a “publicar” la totalidad de mis actividades, sino sólo y exclusivamente aquellas que no encuentran salida o esas otras que actúan a modo de señuelo de prácticas diversas.

Como regla editorial, no deseo abordar cuestiones vinculadas a políticas culturales que, ¡oh!, son siempre las que congregan las mayores respuestas viscerales. No. Si existe una alegría de la crítica ésta se dará en formato online o en formato papel. Qué más da. Lo que cuenta es repartir semillas, aquí y allá. He decidido que este blog no debería ser nunca un lugar única y exclusivamente centrado en la publicidad (del que esto escribe se entiende). ¿Es esto posible?

Hace algún tiempo, harto de escribir en revistas más y menos especializadas, suplementos de periódicos y demás, y ante mi falta de continuidad en esos mismos medios, debido a cuestiones tan prosaicas que van desde la inanición económica al desaliento de un sistema “editorial” frustrante, por no hablar de sucesivas pérdidas de confianza con editores varias y al simple hartazgo, decidí cambiar en una biografía personal la fórmula internacional del “escribe regularmente para este y ese medio” por la más cercana a mi realidad; “escribe irrregularmente” anoté. Para mi sorpresa, ya dentro del marco de una conferencia, mi introductor comenzó a leer la breve biografía que yo mismo había redactado: “escribe regularmente” dijo, para contarle inmediatamente y requerirle que leyera correctamente lo que ponía.

No es ésta una cuestión baladí. La regularidad en la crítica, y la asociación del crítico con un medio concreto (o con un conjunto de medios concretos), es significativo de cómo opera el juego de la lucha por la publicidad. Diversifiquemos pues nuestro campo de acción y diseminemos nuestras semillas por aquí y por allá.

4/19/2009

CONTROL, de Anton Corbijn

 POP HISTÓRICO

 

Con Control, Anton Corbijn aparece definitivamente como candidato a ingresar en la categoría de artista. No tanto por los resultados obtenidos en este biopic de Ian Curtis, sino por esa heterogeneidad no exenta de coherencia que insufla un conjunto estético variopinto y sólido a la vez. Los peligros a evitar eran muchos y la elección de Corbijn no deja lugar a dudas: en lugar de fantasear con el imaginario de la escena musical de Manchester (como lo hacía frivolamente Michael Winterbotton en 24 Hours Party People), Corbijn decide quedarse al lado de Deborah Curtis, viuda de Curtis, autora del libro Touching from a Distance (sobre el que está basada la película) haciéndole complice del film en su rol de co-productora.

Uno de los aciertos de Control reside precisamente ahí, en la ambivalencia de Joy Division vis-à-vis Ian Curtis. La película va, sobre todo, de Curtis; un desconocido para el resto de los miembros del grupo así como para Debbie.

Existe igualmente, una fidelidad al libro sobre el que está basada la película realmente sorprendente, como si Corbijn hubiera sacrificado cualquier intento de adaptación libre en beneficio de un realismo que no lo es tal, pues más allá de la lectura del libro y la escucha de las canciones de Joy Division, el Curtis-hombre y el Curtis-mito están destinados a permanecer separados para la eternidad.

En esta contención, la película sale ganando y no arruina las expectativas de lo que pudo ser y no fue. Más bien, su sencillez la sostiene cerca de aquello que hace perdurar a algunas obras de arte: su absoluta condición de necesidad. Ésta era una película NECESARIA, y como tal, se mantiene viva dentro de su género, que no es otro que el de cierta convención de cine de ficción bien ejecutado, artesano, alejado de experimentalismos texturales y documentales.

Corbjin resiste a la tentación de meter footage del grupo (como lo hubiera hecho un Oliver Stone), resiste la tentación de meter sonido Joy Division real. Lo que hace es ficcionalizar la película por completo, incluida la música, grabando de nuevo las canciones de JD a cargo de los tres miembros restantes de la banda. Como ha llegado a decir Corbijn, “si deseas escuchar a Joy Division de verdad, vete a tu casa y pon un disco”. Las ligeras variaciones en las canciones ya merecen de por sí la sentada. Pero además, el realismo se refleja en un calculado detallismo (Sam Riley está brillante, como imbuido por el espíritu de Curtis, con unos movimientos de baile magistrales, por no hablar de la caracterización meticulosa de Bernard Sumner, imitando su estilo y postura corporal de manera atinada). Algo parecido se puede decir de Morris y Hooky. En lo que respecta a Tony Wilson y Rob Gretton, ambos son retratados de manera un tanto estereotipada como productores. En este sentido, la película deja espacio abierto para ciertos convencionalismos cinematográficos que interesaran a los ajenos a la mitología del grupo y defraudaran a los fanáticos.

Existen, igualmente, detalles que dicen mucho: la aguja baja y se posa en el vinilo de Iggy Pop The Idiot, sin embargo Corbijn decide que el mejor homenaje por respeto es no hacerlo sonar. La escena de Strozsek de Herzog está sensiblemente tratada, por no mencionar un plano fundamental, aquel en el cual los tres tres miembros huérfanos aparecen apesadumbrados sentados alrededor de una mesa, y al lado de Steven Morris aparece una chica que no había hecho su aparición hasta entonces, obviamente Gilliam Gilbert, adelantando en un sólo plano el futuro que vendrá: New Order. La historización de la historia del rock no ha hecho más que comenzar. Una historización que es, en su forma y en su método, basicamente pop.

3/09/2009

XABIER SALABERRIA - NEW BOOK






 





















Presentación en ANTI Liburudenda, Bilbao, martes 7 de abril, 20:00 h
Publicado por CO-OP en co-operación con galería Carreras Múgica
ensayo por Lars Bang Larsen, diseño por Xabier Salaberria, Peio Aguirre y Maite Zabaleta

1/16/2009

CO-OP and MOBIL













Design is a world full of coincidencies, here there is a comparative of two logos, one designed by Xabier Salaberria in 2006 for my publishing project Coop or Co-op and below the Mobil logo from the 60's by the famous design firm headed by Ivan Chermayeff and Tom Geismar specializing in identity and brand design. The point of all that it's that the first one wasn't aware of its predecesor. Or not at least conscioussly. Going further, could we do a link with the concentrical circles of The Archers' logo? This post might serve as an anouncement of the next co-op book to be released soon devoted to the work of artist and designer Xabier Salaberria.